Retorno a casa y a pensar en un nuevo viaje

Tras un par de días más en la costa, haciendo lo que corresponde en estos sitios, es decir, tratando de coger algo de colorcito, recargando pilas para afrontar el duro invierno (y no precisamente en lo climatológico…) y recorriendo alguna de la infinidad de playas  de un litoral de más de 100 kilómetros toca regresar a casa (más que no pese).

Es hora de la valoración final. Han sido dos semanas intensas.  Más de 2.000 kilómetros recorridos, un año que nos abandonó y la VISA pidiendo “tiempo muerto”… pero por el camino muchas experiencias y recuerdos que siempre nos acompañarán.

¿Qué decir de México? Primero, que es un gran país que merece más de una, incluso dos visitas (nosotros solo hemos visitado una pequeña parte).  Es un país de contrastes: sociales, culturales, económicos, climatológico, gastronómicos…   Donde todo es relativamente barato, excepto alquilar un coche y el hospedaje  (claro que tal vez las fechas lo propicien, ya que en Navidades hay muchos mexicanos haciendo turismo).

Contrariamente a lo que habíamos pensado, sus gentes siendo agradables, también son tímidas y reservadas (al menos en las zonas visitadas), poco abiertos a mantener conversación… aunque lo cierto es que hay de todo, como en botica¡¡¡

 El tiempo fantástico, tal vez un poquito más de sol en la playa no hubiera estado mal, pero no todo iba a ser perfecto.  Lástima que en estas fechas del año los días sean tan cortos, tal vez la primavera sea una mejor estación para hacer turismo.

Y qué decir de su gastronomía.  Las tortillas (tortas de maíz) son básicas en todas las comidas, incluidos los desayunos.  Y se comen en todas sus variantes (en quesadillas, tacos, burritos, fajitas,…) o simplemente, como pan para remojar en las salsas.  El guacamole es otro clásico como guarnición, junto con la pasta de frijoles y los totopos (triángulos de maíz fritos).

La cocina mexicana tiene fama de picante pero no es tan fiero el león como lo pintan.  En realidad es una cocina muy sabrosa y, si la buscas, variada.  Siempre se debe disfrutar de los ingredientes propios de la zona, con lo que  en la costa decídete por el pescado o el marisco y en el interior por el pollo o el cerdo (vamos, productos de la tierra).

Sólo algunos ejemplos de lo que puedes comer: cochinita pibil (también preparan la misma versión con pollo o con res), poc chuc (también en dos versiones, pollo o cerdo, macerado con zumo de naranjas amargas), huevos motuleños (similares a los huevos florentina), tzic de res (carne de res fría en tiras aderezada con cebolla morada, con lima y con cilantro), camarones con coco, sopa de lima (hay que probarla… una sorpresa para los sentidos), arrachera (carne de res a la parrilla, muy tierna y jugosa), y muchos otros platos típicos de la cocina local.  Si esto no fuera suficiente para saciar vuestro apetito y, en mitad del viaje, sentís la necesidad de engañar el estómago, seguro encontraréis una tienda de abarrotes

En la bebida también hay variedad, sobre todo en marcas de cervezas (Corona, Sol, Pacífico, Superior, Modelo, XX, Tecate,…) y de tequilas (de estos hemos probado menos).  Otra forma de conocer el país.  Lo que no debes esperar encontrar es un buen vino nacional, al menos, nosotros no lo encontramos.  Es posible que encuentres vinos chilenos y algún vino español, pero poco más.

 

En cuanto a la seguridad, que tanto nos preocupaba, en ningún momento sientes inquietud, todo lo contrario.  Sólo cuando ves al ejército o los controles de la policía federal, te acuerdas de las noticias que traspasan sus fronteras. Puedes viajar con total tranquilidad, y hacerlo en coche es una muy buena forma (además la gasolina es  bastante barata, 0,50 Eur / litro), sólo tienes que tener un poco de prudencia y de paciencia con sus conductores y alguna de sus carreteras.

En definitiva un país que si tienes oportunidad no dejes de visitar, haz de tu experiencia un #mexicodiferente y anímate a descubrir un país que te ofrece casi de todo. Nosotros lo hemos disfrutado. Ahora toca empezar a pensar en un nuevo destino.

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Día 11. Disfrutemos de la playa

Ayer llegamos a Puerto Aventuras, un complejo tipo Sotogrande, cerca de Akumal, donde tenemos nuestro hotel. Esperábamos que hiciera calor y sin embargo el Caribe nos recibió con un fresquito que llegaba a ser molesto (según nos comentan es el frente 23, que aquí los numeran). Hoy la cosa parece que ha cambiado algo, al menos podemos ver el sol, lo que nos anima a visitar las playas de alrededor.

Toalla en mano nos acercamos a la playa de Akumal, que en un anterior post nos había recomendado Fernando. Arenas blancas, agua turquesa… la foto típica del Caribe. Instalamos el “campamento” entre dos palmeras y al agua… joder, que fría, nada que ver con experiencias previas en estos mares. Bueno, toca hacerse el valiente y no retroceder, con lo que nos zambullimos… (Madre, si parece puro Cantábrico… que fría).

Nos habían comentado que lo suyo aquí es hacer snorkel y lo confirma la cantidad de cabecitas que se ven a nuestro alrededor. Solo tienes que acercarte a algún grupo para saber lo que buscan … maravilla … un montón de tortugas que ajenas a todos se alimentan en estas aguas. Mañana, si el tiempo acompaña, alquilaremos gafas y tubos para saludar a las tortugas y demás bichos marinos.

Hoy aprovechamos para visitar la zona arqueológica de Tulum. Son unas edificaciones cerca del mar que, en tiempos de mayas, se  utilizaban como puerto comercial. Tanto el estilo como la decoración son diferentes a lo visto hasta ahora.
Luchamos con los tropeles de gringos, que han pensado como nosotros, y conseguimos hacer la foto de las guías.

Un refrigerio charlando con un futuro medico loco por vivir en España y por el Cartojal (es lo que tiene visitar la feria de Málaga) y de vuelta. Paramos en una pequeña playa pública (la mayor parte de la costa es propiedad de los hoteles ¡!) que nos encanta.  Por supuesto, también hay alojamientos pero son pequeños hotelitos con villas y cabañas que no restan encanto a la zona. Perfecto para una siestecita o para contemplar la fauna marina (nos visitaron varios cangrejos y una manta).

El chamaco nos recomendó conocer la vida nocturna de Playa del Carmen y nos dio los nombres de un par de antros. Pues hala, para allá que vamos…


La cena perfecta en La Mission. Tuvimos que hacer tiempo hasta que se vaciase una mesa pero la espera se hizo amena con unas margaritas (cortesía de la casa) y una agradable charla con el chef (es el inconveniente de tener la cocina abierta al comedor, que siempre hay alguien dándole conversación). Conseguida la mesa, y visto cuales eran los platos estrella del lugar, nos decidimos por un poco de marisquito del país… otro pequeño homenaje!!
También hay que probar la sopa de lima.  Muy rica y original #MéxicoDiferente.

 

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Día 10. Chichen Itza y camino a la playa

Otra jornada arqueológica para empaparnos de cultura. Para la visita de Chichen Itza hemos contratado los servicios de un guía oficial, un meridano llamado Carlos. La visita nos lleva unas cuatro horas, durante las cuales Carlos no para de explicarnos aspectos muy interesantes sobre la cultura de los pueblos indígenas (no solo mayas), sobre la política mexicana y, por supuesto, sobre el yacimiento arqueológico que estamos visitando.

También nos cuenta las teorías de su amigo, el profesor Mendoza, resultado de cuatro años de estudios en Asia, (financiados por la Universidad de Stanford, y no aceptados por la comunidad científica ¡!) sobre los paralelismos entre ambas culturas. Según el profesor, y solo por poner un ejemplo, los mayas practicaban la meditación y el yoga, y conocían el poder de los chakras hinduistas.

También nos explico la importancia de los Chilam Balam (hombres sagrados) en la cultura maya y su filosofía basada en la virtud, el honor y la ciencia, las reglas y significado del juego de pelota, y, ya puestos, como iban los albañiles a remodelar su casa de Mérida ¡¡#MéxicoDiferente!!.

En Chichen Itza nada está hecho por azar. Los escalones del Templo del Sol son 90, ¿dato trivial? Pues no… 90 escalones más uno de la base son 91, que multiplicado por sus cuatro lados son 364, mas el templo superior 365, que son los días que tiene un año. Y como esta, muchas más reglas numéricas.

En fin, cuatro horas intensas pero muy amenas.


Emprendemos camino a la costa, donde pasaremos los próximos días haciendo lo que hacen los turistas por esas tierras, descansar y tomar el sol. Ya veremos si se nos ocurre alguna otra cosa…

 

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