Día 6. De Palenque a Campeche

Madrugón para ver las Ruinas Mayas de Palenque. Es el mejor consejo que os puedo dar para evitar el tráfico de entrada en el parque, conseguir aparcar a una distancia relativa de la entrada, hacer cola para comprar los boletos de entrada (esto se puede evitar si te acercas a un paisano mejor posicionado que tú en la cola y le pides que te compre los boletos, eso sí, en voz baja y melosa) y, no morir arrollado por las hordas de turistas locales o achicharrado por el sol.  Otra opción es acceder por la entrada del museo, esta menos concurrida.

Imprescindible llevar buen calzado (las piedras están muy “resbalosas”), sombrero, crema solar y agua fresca.  La guía te será muy útil para identificar los puntos de interés dentro del parque, si decides prescindir de los servicios de guías locales (acreditados o no).

Para que te hagas una idea de las dimensiones del sitio, a nosotros, la visita nos llevo unas cuatro horas, durante las que no dejas de sudar, por efecto de la humedad de la selva y el ejercicio constante de subir y bajar escalones. Que si vamos a ver los glifos del Templo del Sol, que en el de enfrente hay unos relieves originales bien conservados, que desde allí alto debe haber una vista impresionante… En fin, un no parar. No dejes de visitar el museo. Es pequeño pero muy interesante.


Superado el golpe de calor, volvemos al coche para llegar hasta Campeche. Este trayecto promete ser más reposado que los anteriores, porque aunque la distancia es mayor, las carreteras están muy bien conservadas. En este tramo solo debes preocuparte de los “rebases”, tan indebidos como habituales.
El paisaje cambia totalmente y dejamos atrás la selva y a sus gentes.

El océano nos recibe en Campeche. La costa promete buen tiempo y una variante en nuestra dieta, el pescado y los camarones.

Ojo con sentarte en una coctelería, si lo que quieres es tomar un margarita, porque solo conseguirás un cóctel de marisco!!  Así es, el mismo idioma pero otros significados. #MéxicoDiferente

Para cenar fuimos a uno de los restaurantes más recomendados de la zona, el Marganzo. Nada que ver la primera impresión, parece otro mexicano más, con la sorpresa agradable que te llevas con cada plato. Hay que probar el pescado que lleva su nombre, riquísimo. Aunque, pidáis lo que pidáis estará bien porque todo tenía muy buena pinta.

 

 

 

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