Día 2. México DF

Después de trece horas de vuelo, ya estamos aquí, México DF.

No ha sido un viaje cómodo, volar en un avión donde todo parecía fallar y donde nadie de la tripulación parecía tener más preocupación que cobrarte por uno auriculares que de nada servían porque no funcionaba el audio, ofrecerte la venta a bordo donde todo faltaba (debe ser que todo se lo llevo Papa Noel) y servirte rápido para desaparecer no sé donde (supongo que al igual que todos buscando recuperar el sueño que estas fiestas de navidad nos “roban”), no ha sido un gran comienzo de viaje…
Menos mal que en la llegada, los tramites han sido rápidos, ni una pega. Todo lo contrario, a los agentes de aduanas solos les falta darnos un beso de bienvenida (cosa que personalmente agradezco…) casi igualito que sus vecinos del norte.
Son las seis y media de la mañana y tomo un taxi que previamente reservo en la sala de llegadas (al cambio aproximadamente 9 euros…. mira tú!! casi lo mismo que en Madrid, eh?)

Todavía no ha amanecido cuando nos acercamos a México desde el aeropuerto, una ciudad que ya en tierra es tan grande como se adivinaba desde el aire.

El hotel, NH Centro Histórico, fenomenal, acogedor y muy cómodo, como suelen hacer gala los establecimientos de esta cadena. En la recepción un cartel nos soluciona de una manera rápida el día y nos ayudara a aprovechar el poco tiempo que tenemos en la capital de los Estados Unidos Mexicanos.

Puntual nuestro guía conductor Francisco, aparece a las 9 de la mañana en punto (no sé porque, pero nunca me hubiera imaginado asociar este calificativo a los mexicanos… y el primero con el que me cruzo, zas! como un reloj suizo!)
Apenas si empieza con sus explicaciones me doy cuenta que no es un doctor en historia, pero lo compensa con su simpatía y amena verborrea, lo que aprovecho para “cotillear” sobre la situación política y económica del país. Aprender algo sobre sus costumbre, pedirle consejos para viajar por Chiapas (resulto ser chiapaneca) y como no, hablar de fútbol.

Primera parada, la Plaza de las Tres Culturas o Plaza de Tlateloco… aquí empiezo a confirmar lo que ya intuía, si esto es de lo más destacable de esta ciudad, pocos encantos debe tener (aunque seguro que me equivoco… 22 millones de mexicanos darían fe de ello). Visita rápida y seguimos el tour.

Próxima parada Teotihuacan, a menos de una hora de la bulliciosa México DF. Esto sí es como me había imaginado, incluso mejor. Lugar tan enigmático como la vida de sus creadores. Civilización que a primeros de esta era, y a este lado del charco, ya disponía de sólidos conocimientos técnicos como para levantar el complejo donde se ubica la tercera pirámide mas alta del mundo, por detrás tan solo de Keops y Cholula. Caminar por el Paseo de los Muertos y ascender a las Pirámides del Sol y la Luna son una buena fórmula de abrir el apetito (ojo no te olvides de darte protección, yo no lo hice y parezco un camarón… ¿Pero cómo va a ser necesario en pleno invierno y a 2.300 metros de altitud? pues lo hace y mucho, con lo que tan obligado como una botella de agua).

Después de comer, un par de tequilas gentileza de la casa y unas coronitas para llevar mejor el calor, emprendemos la vuelta. Tercera parada el Santuario de la Virgen de Guadalupe, patrona de México. Sinceramente puedes saltártelo aunque si dispones de la oportunidad es curioso ver la devoción que los mexicanos tienen hacia su virgen y lo grotesco de todo lo que se mueve alrededor de este sitio ( #mexicodiferente… el mercado de escapularios y recuerdos varios o la cinta automática que se ha instalado en la cripta de la nueva basílica. Por cierto, y espero no ofender a nadie, tan fea como bulliciosa)

Ultimo destino el Zócalo, enorme plaza que durante estas fechas se llena de gente y sabor navideño (incluso una pista de patinaje a lo rockefeller, aunque eso si en mangas de camisa).

No da tiempo para mas, al hotel que mañana nos espera Chiapas.

 

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