Día 3. San Cristóbal de las Casas

Nos despedimos de México DF casi de la misma forma como la conocimos, a primera hora de la mañana, ya que tenemos que tomar nuestro vuelo a Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas.

El vuelo de Aeromexico sin novedad, cómodo, y en apenas una hora y veinte estamos aterrizando en el aeropuerto Ángel  Albino Corzo. Una vez allí treinta minutos más en taxi hasta Tuxtla donde recogemos nuestro coche, eso sí, Nacional Atesa nos hace esperar casi tres horas en el hall del hotel donde tiene su mostrador para luego entregarnos un vehículo que ni tan siquiera han lavado (seguro que cuando lo devuelva dentro de 10 días en Cancún serán mas minuciosos).

El vehículo un VW Gol, que no un VW Golf, con el rodaje ya hecho (más de 65.000 kms !!!)


Pues nada… al volante… enchufo el TomTom que me dejó un amigo e iniciamos nuestra ruta hacia San Cristóbal de las Casas (el retraso me hace cambiar de planes y dejar para mañana la visita al Cañón del Sumidero que esta de camino).

Enganchamos la Panamericana y dejamos atrás Tuxtla (poco podemos decir de esta ciudad de la que apenas hemos visto nada, pero que tampoco promete mucho mas). Poco después la carretera se bifurca, dos opciones, ¿carretera normal o autopista?… me lo pienso…. creo que mejor autopista… con lo que pagas el peaje…. y ¡¡sorpresa!! ¿Donde están los dos carriles?… A cambio una señal reiterativa que invita a conducir por la extrema derecha… ¿ummmm, y eso que será?… en dos minutos lo aprendes… donde caben dos caben tres y si me apuras cuatro, con lo que suma lo uno a lo otro y te harás una idea… Y como “allá donde fueres haz lo que vieres”. Pues nada te armas de valor y comienzas un rally, unas veces por el arcén, otras invadiendo el carril contrario…, así hasta el destino final (y pensar que mañana tendré que repetirlo… uff!!) #mexicodiferente

San Cristóbal nos recibe amable, con sus calles estrechas de casas coloniales bien conservadas. Un sitio de esos que invitan al paseo, con lo que rápido al hotel (reservamos hace unos días en el Best Western La Noria) a dejar los bultos y a la calle a patear que con unas cosas y otras se nos ha echado la tarde encima.

Paseo tranquilo, agradable, dejándote llevar… el centro histórico no es grande y enseguida te “sales”, con lo que basta elegir otra dirección y seguir recorriendo sus calles, que en el centro histórico están llenas de gente. Se nota que es un lugar turístico, tanto para los de fuera como para los de acá, pero a pesar de ello, no pierde su encanto y es un buen reclamo para que los pueblos indígenas de los alrededores aprovechen para tratar de vender sus artesanías y su cultura. Una cerveza y guacamole en un agradable bar (que los hay muchos y con buena pinta) y hacia el hotel que me ataca el jet lag.  Mañana de día será el momento de las fotos, ahora lo es de reponerse a la falta de horas de sueño (espero que el hotel no resulte lo ruidoso que parece)

 

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